Por qué Cicerón: Un eco en el foro de cristal
La vida de Cicerón nos pone delante un espejo astillado, y lo que devuelve es dolorosamente nítido. Aspiro poder empuñar la ironía como un lápiz rojo y la lógica como una mano firme.
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Entra en el crepúsculo de la República romana. Huele el incienso y el sudor. ¿Percibes el sabor metálico del miedo? Las legiones esperan ante las puertas de la ciudad. Hoy, el asfalto y el aliento estéril de los centros de datos han sustituido al incienso, pero el miedo sigue siendo tan familiar como el murmullo de una ciudad.
La vida de Cicerón nos pone delante un espejo astillado, y lo que devuelve es dolorosamente nítido. Fue el primero en comprender que el poder no es solo la espada, sino también quién tiene derecho a contar la historia. En una era de “hechos alternativos”, no sería una estatua de mármol, sino una presencia desordenada y feroz. Es el orador que intenta mantener unidas las instituciones con la sola fuerza de su elocuencia. Homo novus, sin linaje que lo respalde, insistió en que la política es antes que nada un oficio ético y una arquitectura del lenguaje.
Me inspiro en Cicerón porque nuestra vida pública funciona a través de un filtro de polarización que él reconocería de inmediato. Sabía cómo el dogma devora la conversación. Nosotros lidiamos con el populismo, la polarización y una nueva tiranía algorítmica. Él enfrentó a los triunviros. En ambos casos, las personas quedan reducidas a las categorías burdas de “amigo” o “enemigo”.
Leo la actualidad como un palimpsesto: la tinta de hoy apenas oculta los versos de ayer. Quiero usar este espacio para leer nuestra cultura y, contigo, descubrir lo que la capa superior intenta ocultar. Para mí, la literatura no es un refugio, sino el conjunto de herramientas que entrena la mirada, la piedra que afila la hoja de las palabras.
Tras un exilio autoimpuesto del periodismo de opinión —quizá excesivamente cauteloso, dedicado a sanar y a ajustar cuentas con los daños que pude haber causado— regreso para recuperar una mirada republicana.
Aspiro a ser capaz aquí de empuñar la ironía como un lápiz rojo y la lógica como una mano firme. Mi desafío es mostrar cómo las democracias desarrollan grietas casi invisibles mucho antes de que las columnas enteras se desplomen.



